Escribir no es una tarea fácil... sobre todo si lo hacemos profesionalmente. Pero me pregunto qué ocurre cuando lo disfrutamos de verdad y queremos hacer que las cosas salgan "mejor que antes", aunque no seamos profesionales (ni queramos).
Leer y escribir son tareas que implican, necesariamente, un esfuerzo: la puesta en movimiento de nuestros saberes sobre el mundo y sobre nosotros mismos (sobre nuestros sentimientos, por ejemplo) porque ellos se enfrentan al de los "otros" (los saberes de los autores, personajes, etc.) en la lectura; y en la escritura, porque ella misma supone un acto de creación intelectual enteramente personal en donde es uno el que selecciona la información, la organiza y la verbaliza. Y, además, también implican otro esfuerzo: leer y escribir llevan su tiempo...: "hay que sentarse y leer" o "hay que sentarse y escribir" son frases que suenan como una obligación tediosa a veces -y para algunos-; sin embargo, ¿por qué lo seguimos intentando? Quizá porque en ello nos vaya la cultura o... ¿quién sabe?... un interés mezquino..., o quizá porque algunos (muchos) somos sencillamente felices ampliando nuestros horizontes.
(Sólo el inicio de algunas reflexiones)
Gabriela Álvarez